HISTORIA DE LA CARTOGRAFIA (1 Parte)

HISTORIA DE LA CARTOGRAFIA (1 Parte)

1- CARTOGRAFIA EN LAS CULTURAS PRIMITIVAS Y EN EL MUNDO ANTIGUO

El nomadismo, las migraciones, la búsqueda de la caza, el trueque eran actividades que bien podrían haber despertado la necesidad de un dibujo que diera cuenta del espacio de vida en que se manejaba el hombre primitivo. Es claro que la falta de pruebas y datos hace que lo anterior sea solo una mera suposición, sin embargo, una visión de la cultura cartográfica de los pueblos primitivos contemporáneos puede servir para una aproximación válida al tema. De ellos, los esquimales son los que poseían una técnica cartográfica de las más avanzadas, tanto que pueden compararse a los mapas modernos en cuanto a su precisión y detalles. Estos particulares mapas estaban tallados en madera de una forma exquisita.

Otra sorprendente muestra de originalidad técnica son los mapas construidos con cañas entrecruzadas y piedritas hechos por los habitantes de las Islas Marshall, en el Pacífico Central. En estos, las varillas de caña representan la dirección de las olas y las piedrecitas las islas del archipiélago. Huelga decir que solo un experto podía interpretar cabalmente un mapa de este estilo.

Imperio Azteca

Crónicas españolas durante la conquista de México nos refieren la alta perfección que los aztecas tenían en la ciencia cartográfica, poseían mapas detallados que representaban las principales rutas y regiones de su Imperio. Los realizaban pintando en vivos colores sobre paño o papel. Los mapas tenían un eminente sentido práctico y pueden clasificarse en tres grupos: Mapas de ciudades, Mapas guías de caza y pesca y Mapas catastrales y fiscales. Su practicidad era tan clara y exacta que los mismos españoles se orientaron por ellos para conquistar el territorio.

Mesopotamia

Mucho más atrás en el tiempo y en otra parte del mundo, en la Mesopotamia antigua, ya se asomaban algunas representaciones cartográficas, como una placa de barro cocido, fechada en 2.500 AC, encontrada en las ruinas de Nuzi (Ga-Sur), que representa el sector septentrional de la Mesopotamia con puntos cardinales representados por círculos. Esta reliquia se debe a la cultura sumeria y es una de las tantas tabletas de barro cocido que ha perdurado hasta nuestros días.

Posteriormente la civilización asiria recogió la experiencia sumeria con descripciones de ciudades también en tablillas de barro cocido. Para el Segundo Imperio babilónico data una tablilla que muestra una representación esquemática del Universo conocido con Babilonia en la posición central y tres fajas que representan los mares, esta data del 500 AC. El mundo está definido como una masa discoidal cuyo contorno está determinado por los mares; idea que luego sería aceptada por los griegos, romanos e israelitas.

Egipto

Mientras tanto en Egipto florecía la cultura faraónica que también poseía una cartografía propia, que como la babilónica, tenía fines tributarios y militares. Uno de estos mapas, del 1.330 AC, es el que utilizó Eratóstenes para calcular la distancia entre Siena (Asuán) y Alejandría, uno de los datos que empleó para la medición del meridiano terrestre.

Una curiosa manifestación “cartográfica” de la cultura egipcia son los planos-guía para ser empleados por los fallecidos, en los que se muestra el camino hacia la “otra orilla” y los Campos de la Muerte, una prueba más de la extrema obsesión que sobre la vida eterna tenían los antiguos habitantes del Nilo.

Sobre el final de las dinastías faraónicas sufrieron la influencia de Grecia, adquiriendo su cartografía una tendencia helenizante. Según Herodoto, el faraón Sesostris levantó mapas de los territorios ocupados durante la campaña militar de Escitia.

Grecia

La cultura griega, que transformó totalmente la ciencia, fue la que sentó también las bases de la cartografía moderna. El propio Homero se convierte en el primer geógrafo griego a través de sus múltiples referencias al Universo de su tiempo, concibiendo la Tierra como una inmensa isla flotante sobre un río (los Océanos): en la parte central el Mar Egeo y sus islas, a la derecha las costas jónicas mientras que sobre la izquierda el territorio heleno.

Anaximandro (610-546 AC), discípulo de Tales de Mileto, es, según Eratóstenes, el primer cartógrafo jónico. El pensaba que la forma terrestre era “un cilindro cuya altura valía un tercio de su anchura”, manteniéndose en perfecto equilibrio en el espacio, sin soporte alguno. Esta idea central perduraría a través de los siglos hasta Copérnico.

Otro exponente de la escuela de Mileto, Hecateo, incluía en uno de sus tratados, según Herodoto, el segundo mapa conocido en el mundo heleno.

El mismo Herodoto (484-424 AC) completa la visión presocrática del mundo a través de sus relatos. Era un incansable viajero y recolector de datos geográficos conservando una gran agudeza crítica.

Finalmente, la época clásica griega (fines del Siglo V AC) culmina con un gran logro científico gracias a Dicearco (350-290 AC), discípulo de Aristóteles, que elaboró una carta con un simplificado sistema de coordenadas geográficas mediante el trazado de una línea directriz, que dividía la Tierra en una parte septentrional y otra meridional.

Escuela Alejandrina

En la época de las conquistas de Alejandro Magno las ciencias de la Tierra cobran un nuevo impulso. Eratóstenes (272-200 AC), que creía en la esfericidad terrestre, calcula con singular exactitud la circunferencia del globo. En Rodas, Hiparco de Nicea (166-126 AC) crea un método para ubicar una posición terrestre dentro de un sistema de paralelos y meridianos; también utilizó por primera vez la noción de proyección en una carta geográfica. Toma las dimensiones calculadas por Eratóstenes y les asigna 360 divisiones de un grado cada una.

Con Claudio Tolomeo (90-168 DC) culmina la etapa alejandrina. Tolomeo fue de gran influencia para la ciencia cartográfica a través de sus libros. Da una explicación matemática de la proyección ortográfica para representar una esfera sobre un plano. También describe una de las proyecciones estereográficas, la polar, que aún hoy se utiliza y establece las bases de la actual proyección cónica modificada y homeótera. Adujo nuevas razones para demostrar la esfericidad terrestre, defendiendo la teoría geocéntrica del Universo, a la par que combatía el heliocentrismo.

Su gran mérito consistió en haber fundado las bases de la Cartografía y haber realizado los primeros mapas utilizando las proyecciones más convenientes.

Su obra más importante, la “Geographia”, contiene numerosas cartas geográficas que constituyen el corpus más importante de la Antigüedad, aún a pesar de sus varios errores. En su mapamundi, orientado al norte y con indicación del Ecuador y los Trópicos, están representadas todas las tierras conocidas de su tiempo: desde el occidente europeo y las costas africanas hasta la lejana china.

El legado romano siguió un camino divergente de su par griego, sin intentar una cartografía rigurosamente científica. La cartografía romana tuvo un carácter eminentemente práctico, sin utilizar proyecciones, ni coordenadas. A pesar de ello y aún cuando tuvieran errores de localización, las distancias, por ejemplo entre los pueblos, eran de sorprendente exactitud. Únicamente Estrabón (63 AC-19 DC) mantuvo la corriente científica helenística. Los romanos confeccionaron, dos clases de los llamados “itinerarios”: uno numérico (llamados “itinerario antonino”) y otros gráficos. Los primeros eran relaciones de pueblos y las distancias entre ellos, y los segundos eran mapas de los pueblos y de los accidentes geográficos más importantes. El más célebre de los itinerarios gráficos, que se remonta al Siglo I, es la denominada “Tabula de Peutinger” o “Tabula peutingeriana” en honor a su primer estudioso. Se trata de un auténtico mapa de caminos, pueblos, ríos o canales y otros detalles relevantes. Aquí Roma ocupa el centro de una red vial de 12 largas carreteras.

Muchas otras obras romanas han perdurado hasta la actualidad siendo la mayoría esquemas gráficos de fines militares. Se destaca uno de singular importancia que es un mapamundi de Macrobio del Siglo V, en el cual por primera vez la Tierra es dividida en cuatro continentes: dos en el hemisferio boreal y dos en el Austral.

Artículo basado en la “Historia de la Cartografía”. Organizada por José Aguilar. Edit. Codex. Buenos Aires, Argentina. 1967.

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